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domingo, 5 de julio de 2015

La España esperpéntica


Por Federico Jiménez Losantos 

En Enero de 1920 moría en Madrid Benito Pérez Galdós, el mejor novelista español desde Cervantes. Y el mayor dramaturgo de nuestro siglo XX, Ramón del Valle Inclán, escribía Luces de Bohemia, publicada en la revista "España" de Julio a Octubre de ese mismo año. En ella se vengaba del poco aprecio de Galdós a su adaptación de Marianela y le llamaba "Don Benito El Garbancero", acuñación tan injusta como exitosa. El creador de El doctor Centeno, Miau, Misericordia y otros prodigios de sensibilidad, inéditos desde El Lazarillo, quedaba enterrado así como símbolo de algo chabacano, zafio, indigno de aprecio y memoria.

En realidad, en esa obra genial sobre la última noche de Max Estrella y Latino de Hispalis, por "un Madrid absurdo, brillante y hambriento", en una de cuyas callejuelas, la de Álvarez Gato ("el Callejón del Gato"), Valle acuña el esperpento, la primera figura "grotescamente deformada" según el canon del nuevo género es la de Galdós. Y no es algo anecdótico. Con el gran novelista de la Restauración, el genio del 98 enterraba la idea liberal de España que habita los "Episodios" galdosianos, relegitimando todas las deformidades de la España Negra. Valle dice volver a Quevedo y Goya pero se instala en la idea tenebrosa de España acuñada por Las Casas y Antonio Pérez, para la que sólo entrevé una salida, la destrucción: "¿Dónde está la bomba que destripe el terrón maldito de España?" (Escena VI).

Definición política del esperpento

Siempre se cita la definición del esperpento, que no pasa de ser una de las infinitas formas de lo carnavalesco: los héroes clásicos, al pasar por los espejos del Callejón del Gato, quedarían deformados, ridículos. Pero junto a esa fórmula grotesca, semejante a la del Entierro de la sardina de Goya, aparece una ideología política que se basa en el descrédito de lo español frente a lo europeo y que alcanza su más célebre y más estúpida expresión en la frase orteguiana de esos mismos años: "España es el problema; Europa, la solución". En línea con esa majadería, que cursa endémicamente hasta hoy, Valle Inclán presenta el Esperpento como la plasmación estética de una situación ética y política. El nuevo género sería la puesta en escena de la vida pública española, un conjunto de muecas sin sentido, una serie de instituciones sin valor, unos valores que no lo son más que por vía de imitación. En definitiva, el esperpento vendría a demostrar que España no puede ser, ya que no es lo que se supone que es: Europa.

¿Y qué se supone que era, entonces, la España de 1920? Con todos los defectos caciquiles propios de la época –y de todas las épocas, y de todos los países, hasta hoy- ¿no era la monarquía constitucional española una de las fórmulas políticas más civilizadas de Europa? Por detrás de Francia, Inglaterra y Alemania, las grandes potencias de entonces, claro, pero por delante de muchas otras, que además no tenían que recuperarse de la guerra contra Napoleón y las tres guerras civiles de liberales y carlistas.

Desde 1874, el de la Restauración canovista, España llevaba 46 años en paz civil, prosperando más o menos, con los conflictos sociales propios de su tiempo, pero siempre con gobiernos constitucionales que no sólo eran fruto de pucherazos turnantes sino de la adecuación a la democracia de un país en el que la mitad de la población había vivido alguna de las matanzas turnantes desde 1808. De una nación en la que se iba abriendo paso, cada vez con mayor autenticidad, la representación democrática.

Ajenos a la realidad de su país, infatuados por una superioridad de la que ya Larra se burlaba en su artículo "En este país", Valle Inclán, como el último Galdós, convertido en pobre parodia radical de sí mismo, pero sobre todo como el máximo pensador del 98, Unamuno, y casi toda la Generación del 14 -Ortega, Azaña, Madariaga, Pérez de Ayala, Marañón- despreciaban lo mucho que en España valía la pena no sólo reformar sino conservar. Porque la soberbia del 98, acrecida en los del 14, despreciaba a su país no por lo que seguía siendo o aprendía a ser, sino por lo que no era, que solía reducirse a una palabra: París. El radicalismo estético era parejo a la frivolidad política. Nunca tan gran artista como Valle enhebró tantas majaderías como las del belén del Esperpento (Luces de Bohemia. E. XII):

"Max- Latino, la tragedia nuestra no es tragedia.

Don Latino.- ¡Pues algo será!

Max.- El esperpento.

(…)

Max.- "Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento, el sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada".

Don Latino.- ¡Miau! ¡Te estás contagiando!

Max.- España es una deformación grotesca de la civilización europea.

Don Latino.- ¡Pudiera! Yo me inhibo.

Max.- Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.

Don Latino.- Conforme. Pero a mí me divierte mirarme en los espejos del Callejón del Gato.

Max.- Y a mí. (…)"

El Esperpento toma los Ayuntamientos

Viendo el grotesco espectáculo de los politicastros extremistas que han tomado posesión (PSOE mediante) de los Ayuntamientos de todas las grandes ciudades españolas, diríase que el Esperpento se ha hecho realidad, al menos municipal. La alcaldesa de Barcelona es una actriz fracasada que se metió a activista contra los desahucios sin haber sido desahuciada nunca. Su portavoz es una dizque actriz post-porno, que se fotografía perniabierta orinando en la Gran Vía de Murcia, se baja los pantalones en la Puerta de Brandemburgo y ejecuta con su compañera Llopis (ojo al sarcasmo yeísta) diversas poses con bigote o sodomizando a un varón, quién sabe si alcalde.

Madrid no se queda atrás en esta actualización del esperpento: su portavoz es una de las asaltantes de la capilla de la Universidad Complutense que, tras quedarse en top-less o en sujetador, gritaban frases como éstas: "¡Vamos a quemar la Conferencia Episcopal!", "¡Arderéis como en el 36!", "¡El Papa no nos deja comernos las almejas!".

El nuevo concejal de Cultura del Ayuntamiento madrileño, un tal Guillermo Zapata, se había solidarizado con un cómico llamado Vigalondo que, tras decir que "el Holocausto es un montaje", había sido expulsado de El País. Lo hizo mediante éste chiste antisemita: "¿Cómo caben cinco millones de judíos en un 600? En el cenicero". Al que añadió éste: "Van a cerrar el cementerio de las niñas de Alcásser para que Irene Villa no vaya a buscar repuestos". Y este otro: "Rajoy dice que va a bajar el paro y va a encontrar a Marta del Castillo".

Pero se ha comentado poco que Zapata, profesor de guionización cinematográfica en Cuba, dijo de la masacre terrorista islámica en las Torres Gemelas: "El 11S fue un acontecimiento internacional del miedo, de la soledad, del horror de las élites del mundo contra sí mismas". O sea, nada que ver con el islamismo (¿quizás, entonces, otro montaje judío?) y muy distinto del 15M madrileño: "un acontecimiento colectivo, para mí casi tan potente como el 11S en términos de acontecimiento internacional sólo que con el signo cambiado" (…) "todo lo que hay por debajo del planeta, y, en nuestro caso, de modo hiperlocal, en Madrid, en Europa y en diferentes nodos del mundo, un momento de alegría, de imaginación, de producción de cosas nuevas, de rehacer la manera de hacer política, de rehacer la vida… incluso de obviar esa cuestión de la política y la vida y juntar las dos cosas para hacer otra vida".

¿Cabe más palabrería cursi, más ensimismamiento logorreico? Cabe. En el Ayuntamiento de Madrid, cabe. El concejal Soto dijo que habría que torturar y asesinar a Gallardón en la Puerta del Sol. Y otro, García Castaño, dijo que habría que "empalar" a Toni Cantó, a la sazón diputado de UPyD. Es verdad que, aunque expresando abiertamente sus deseos de asesinar a los rivales políticos o riéndose de las víctimas de los asesinatos genocidas, no han salido borrachos de la toma de posesión de sus cargos, como los del Ayuntamiento de Zaragoza. Tal vez esperan la reinauguración de la Checa de Fomento-Bellas Artes para brindar por el futuro.

Lo malo de tanto esperpento es que no es episódico, como toda farsa carnavalesca, sino que tiene vocación de continuidad, como el esperpento de Cuba, de Venezuela o de Corea del Norte. En realidad, lo trágico de la esperpentización de la democracia española es que no parece escandalizar a nadie. O nadie se atreve a confesarlo. Ayer, en el desfile del Orgullo Gay, la lucha contra la discriminación se tradujo en no dejar desfilar a los del PP, o sea, en discriminar al partido más votado por los madrileños. Y la figura más aplaudida fue Pablo Iglesias, cuyo gran héroe, el Che Guevara, fue el creador de los campos de concentración para homosexuales en la UMAP. El esperpento ha llegado al arco iris. Parece difícil ir más allá. Pero iremos.

Libertad Digital
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martes, 24 de febrero de 2015

“Santiago Carrillo asesinó a su primera mujer y la enterró en la casa de La Pasionaria”

Antonio Pérez Bencomo (Secretario General de Falange Auténtica)

Por Josele Sánchez 

Se presenta en Toledo la polémica novela sobre la vida de Carrillo escrita por Josele Sánchez.

El próximo sábado veintiocho de febrero a las doce de la mañana tendrá lugar la presentación en Toledo, organizada por la Asociación Social y Cultural “El Municipio Toledo”, la polémica novela Con la piel de cordero una trama de intriga que se adentra en el pasado más oculto de Santiago Carrillo y que se convirtió, en las pasadas navidades, en el libro más vendido en la plataforma AMAZÓN. La cita tendrá lugar en el Hotel Hesperia Toledo (Marqués de Medigorría, 8) y contará con la presencia de Josele Sánchez.

Se trata de la primera novela que se escribe sobre la vida personal y política del ex secretario general del Partido Comunista de España. El novelista valenciano Josele Sánchez deja al descubierto un Carrillo completamente alejado de la imagen de político sensato y conciliador con un papel decisivo en la transición democrática española.

Para ello el autor de “Con la piel de cordero” crea el personaje de un periodista que debe investigar la vida del que fuera máximo dirigente del P.C.E.. Más allá de su participación en las matanzas de Paracuellos sobre las que tanto se ha escrito, el personaje de la novela descubre un pasado oculto y maléfico del político comunista, desconocido por la opinión pública: la posible participación de Santiago Carrillo en el estrangulamiento de su primera mujer.  En la novela se narra que Santiago Carrillo asesinó a su primera mujer y la enterró en la vivienda que Dolores Ibarruri “Pasionaria” tenía en París y que este hecho era conocido por José Manuel Lara, quien no lo publicó por presiones de la Casa Real.

Josele Sánchez manifiesta que “tal vez parezca una trama imaginada pero la realidad supera la ficción. Todo es demostrable. Esta información estuvo en manos del el editor de Planeta a través del libro que publicó de Enrique Líster, titulado Así destruyó Carrillo el Partido Comunista”.


El autor de Con la piel de cordero sostiene que “Santiago Carrillo llegó a un acuerdo con 
mediadores de la Corona, cuando Juan Carlos era príncipe, estableciéndose un pacto en virtud del cual, cundo muriese Franco, el Partido Comunista de España facilitaría una transición pacífica a la democracia a cambio de que se limpiara su nombre, su pasado y su expediente judicial. Carrillo se aseguró de no ser juzgado por ningún motivo hasta el punto de que el único exiliado que no pudo volver a España fue Segundo Serrano Poncela, mano derecha del secretario general de los comunistas en las matanzas de Paracuellos”.

Según Josele Sánchez “Martín Villa, ministro del Interior bajo la presidencia de Adolfo Suárez, impidió a Serrano Poncela regresar a España”.

Santiago Carrillo fue el responsable del fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera

El autor, que ha precisado dos años de investigaciones y acopio de documentación para escribir la novela, está preparado para las reacciones que puedan producirse por la aparición de su libro. Con la piel de cordero relata la sistemática eliminación física de militantes comunistas incómodos incluyendo una relación de nombres de víctimas.

Otra de las revelaciones históricas que encontrará el lector de la novela Con la piel de cordero es la dirección de Santiago Carrillo de los preparativos del el asesinato de Leon Trotski que ejecutó, en Méjico, el español Ramón Mercader. Según Josele Sánchez también intervinieron, a las órdenes de Carrillo, Pablo Neruda y Diego Rivera lo que supone otra desmitificación ya que el poeta chileno es un icono mundial del pacifismo.

La novela de Josele Sánchez involucra también, por vez primera, a Santiago Carrillo,  quien seguía órdenes directas de Stalin, en la condena a muerte del fundador de Falange Española José Antonio Primo de Rivera. Además Con la piel de cordero presenta a una Falange distinta y distante del franquismo que, incluso, podía haberse revelado contra el golpe militar del 18 de julio. El novelista narra la desconocida oposición falangista al régimen de Franco y la condena a muerte de Manuel Hedilla,  sucesor de José Antonio en el mando de Falange Española.

Norberto Pico (Jefe Nacional de Falange Española de las JONS)

La unidad de los falangistas cada vez más cerca

El tratamiento objetivo que el novelista hace respecto a la Falange y las revelaciones que aporta en relación con el fusilamiento de su fundador hará posible que se junten los máximos dirigentes de las dos organizaciones falangistas para presentar conjuntamente esta novela.

Así las cosas Norberto Picó (jefe nacional de Falange Española de las JONS) y Antonio Pérez Bencomo (secretario general de Falange Auténtica) serán los presentadores conjuntos del libro de Josele Sánchez.

Las históricas disputas por la legitimidad del ideario falangista existentes entre ambas formaciones no sólo convierten este encuentro en un hecho inusual sino que, además ha despertado la ilusión de afiliados de ambas organizaciones que desean la unión definitiva y la presentación de una alternativa electoral capaz de hacer frente al actual bipartidismo e irrumpir con fuerza, tal y como lo ha hecho Podemos, en el panorama político español.

Editada por Círculo Rojo, la novela Con la piel de cordero describe verdaderas atrocidades llevadas a cabo por Santiago Carrillo e incluso ofrece un listado, con nombres, apellidos y lugares de ejecución, de militantes comunistas asesinados por órdenes suyas.

En definitiva, toda una serie de descubrimientos que el lector irá encontrando en una novela que, además, engancha desde la primera hasta la última página.

Josele Sánchez (Bunyol-Valencia, 1964) es un escritor contundente, polémico y sobrado de oficio que ha cultivado casi todos los géneros literarios: poesía, ensayo, cuento infantil y, por supuesto, la novela.

Controversia es algo que viene acompañando a esta novela que parece predestinada a derribar mitos y tópicos.

Josele Sánchez
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lunes, 10 de noviembre de 2014

¿MONARQUÍA O REPÚBLICA?

Por José María García de Tuñon para elmunicipio.es
En la página 1502 del II tomo de las Obras Completas que editó Plataforma 2003, se puede leer una carta que José Antonio Primo de Rivera envió, con fecha 15 de junio de 1935, al falangista asturiano y jefe local de Gijón, Enrique Cangas. Este, el 7 de mayo de 1936, junto con otros falangistas y con motivo del entierro del guardia civil Manuel Vela, asesinado en Gijón, a cuyo entierro también habían asistido el alcalde de la ciudad, Jaime Valdés, y otras autoridades provinciales, comenzaron a gritar: «¡Fuera!» «¡Fuera!». El ambiente se iba calentando hasta que las autoridades se vieron obligadas a suspender la ceremonia y ordenar el traslado inmediato del cadáver al cementerio. Fue entonces cuando los falangistas increparon de nuevo a las autoridades, voceando: «¡Viva Falange Española!», «¡Muera la República!». Momento en que los policías detenían a varios falangistas, aunque Enrique Cangas consiguió escapar, si bien sería detenido en Madrid al mes siguiente y trasladado a la cárcel de Oviedo. El 20 de julio al quedar la capital en poder de los nacionales, fue puesto en libertad, y Cangas que ya contaba con 49 años de edad, se incorpora en la defensa de Oviedo, pero cayó herido de gravedad el 31 de julio, falleciendo tres días después…
Sin embargo, no es mi propisito escribir la biografía de este falangista, sino que me ha llamado la atención que después de muchos años de aquel grito: «¡Muera la República!», según refleja el sumario número 129 de 1936 firmado por el secretario del Juzgado de Instrucción de Oviedo, parece que ahora otros quieren gritar «¡Viva la República!» sin que nos digan qué tipo de República quieren. Si se refieren a la última que padecieron muchos españoles, entre ellos todos los falangistas, ya sabemos su final. «Como creemos en la democracia, somos republicanos», ha dicho el Secretario General de Falange Auténtica, Antonio Pérez Bencomo. De la misma opinión es el escritor y poeta Eduardo López Pascual, cuando subraya: «Los falangistas, y me incluyo como miembro de Falange Auténtica (FA), no podemos permanecer alejados y en silencio de expresar pública y sonoramente el ADN republicano de nuestra ideología». También escribió: «Falange Auténtica (FA) tiene que exponer a todos los españoles que queremos una consulta nacional, un referéndum, para contestar si aprobamos la continuidad, por abdicación, de una forma de Estado monárquico o republicano. Naturalmente, yo, como ciudadano y como falangista, me declaro de la República. Yo, que crecía cantando aquellos versos juveniles de Viva, viva la revolución/ viva viva Falange de las JONS/ Muera muera el capital, viva viva el Estado Sindical… que no queremos reyes idiotas, que no sepan gobernar… ¡abajo el Rey! Ahora, más moderado solo por la edad, no por mi pasión, sigo pregonando UN NO A LA MONARQUIA».
Por otra parte, cuando elmunicipio.es le pregunta al profesor, doctor en Filosofía, Manuel Parra Celaya: « ¿Monarquía o República?». Él que dice sentir poca simpatía por la monarquía, declara: «Ya he comentado que la forma que adopte el Estado es para mí algo secundario, no me quita el sueño, y algo parecido respondió José Antonio a un periodista que le preguntaba si la falange prefería monarquía o república: “¡Qué cosas más raras me pregunta usted! ¡Acaso ni lo uno ni lo otro…!”». Y añade más adelante: «El partido FE de las JONS se declara abiertamente republicano, pero sin especificar demasiado; ¿qué ocurriría con un presidente afín a un partido o secta de los que corren por ahí? ¿Alguien se imagina un Rodríguez Zapatero como Jefe del Estado español? Claro que igual se puede decir de la monarquía…».
Ha habido más opiniones, pero permítaseme terminar con lo que opiné cuando elmunicipio.es me hizo la misma pregunta. Comencé manifestando que no tenía muy claro que José Antonio descartara para siempre un régimen monárquico en España. Por eso me referí a lo que habló en el cine Madrid en mayo de 1935 refiriéndose al 14 de abril de 1931: «Nosotros, que estamos tan lejos de los rompedores de escudos en las fachadas como los que sienten solamente la nostalgia de los rigores palaciegos, tenemos que valorar exactamente, de cara -lo repito- a la Historia, el sentido del 14 de abril en relación con nuestro movimiento». Es decir, como declaró a un periodista portugués, el problema no es de régimen, sino de hombres aptos a la altura de las responsabilidades del momento político. No está, pues, diáfana, insisto, la postura de José Antonio. Ni en los 27 puntos, ni en escrito alguno, nos aclara nada al respecto.
Con estas palabras dejo abierta una puerta a elmunicpio.es  para que dé paso a un debate sobre este tema tan interesante en el que, por lo que estamos viendo, no coincidimos los falangistas de manera clara. Lo único que está claro es que la monarquía es y está aquí. . .
                                                                                  JOSÉ Mª GARCÍA DE TUÑÓN AZA
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domingo, 12 de octubre de 2014

UNA MISIÓN DE DESTINO: LA HISPANIDAD

Por Pedro Conde Soladana para elmunicipio.es
De aquella frase, “una unidad de destino en lo universal”, se deriva, sin retorcimiento ni rebuscados pensamientos intelectuales, la de una misión de destino, como consecuencia del empeño de una nación que se forjó durante siglos surcando mares, uniendo tierras y  mezclando razas, urgida por la fe en una misión global.
El alumbramiento es el acto sublime de la maternidad; hecho preliminar que garantiza, nada más y nada menos, que la existencia de la Humanidad.
No es hiperbólico afirmar en paralelo que el parto en la Historia de una nación que hace quinientos años alumbró un nuevo mundo mezclando su sangre con otras raza es otro acto de maternidad que garantiza también el progreso y continuidad de una parte de la historia universal.
El resultado de ese natalicio, un parto múltiple, fueron una veintena de naciones y otros puntos geográficos esparcidos por todo el planeta cuyos nombres evocan hasta en las antípodas el origen hispano de su ascendencia.
Qué duda cabe que la evolución y avance del género humano desde sus orígenes conlleva el encuentro de gentes y razas extendidas por la faz de la Tierra. Es en ese encuentro y en su amalgama donde España se adelanta en la era moderna al resto de las naciones europeas emergentes, Francia, Inglaterra, etc., para dar vida a un mestizaje al que un hispano de aquellas tierras fraternales,  el mejicano José Vasconcelos Calderón, bautizó como el de la “raza cósmica”.
Esta es la Hispanidad como destino de una nación, España, y este es su misión de futuro que nunca debió ni debe olvidar como justificación de su existencia: la unión y hermandad de esa serie de naciones que como hijas llegadas a la madurez se independizaron en su día para formar nuevas entidades nacionales, pero unidas por una cultura, un bagaje espiritual y un pasada historia común.
Esta frase, este pensamiento, “una unidad de destino en lo universal”, con el que José Antonio Primo de Rivera acreditaba y razonaba la existencia de una nación, ha servido de chanza más de una vez. Y lo malo no es que las ironías sobre ella hayan venido de parte de los definidos por el poeta como aquellos “que desprecian lo que ignoran” sino de presuntos intelectuales que no se han tomado la molestia de profundizar en su significado y contenido poniéndolos en relación con nuestra Historia y la propia gestación del ser de España como nación. Para qué decir que el desprecio de estos últimos, sino la saña, ha sido contra quien tuvo la clarividencia de concebirlo y formularlo como base y justificación en el tiempo de ese ser y existencia de nuestra nación.   
Nuevamente es el momento de rescatar tal pensamiento, darle vigor y volver a profundizar en su extenso e incontrovertible significado. Fue hace ochenta y tantos años, en uno de los períodos más convulsos de nuestra Historia, tanto que acabó en una guerra civil, cuando José Antonio lo lanzó y defendió en foros y tribunas. Los separatismos, entonces como hoy, pretendían negar la existencia centenaria de esta nación sustituyéndola por románticos trampantojos nacionalistas. Hoy como entonces, lunáticos de mitologías, orates racistas, mercachifles metidos a políticos y secuaces analfabetos niegan la existencia de una nación cuya identidad es imborrable en las páginas de la Historia Universal, para inventarse en su lugar nacioncitas que marchan contra esa universalidad de los tiempos y que para pretender ser tienen que desgarrarse de aquélla rompiéndola en pedazos. Toda una contradicción, una inaceptable e insufrible paradoja, negando el todo que es y fue por una parte de ese todo que quiere ser y nunca fue.
España como nación tiene una misión de destino que no tendría a su vez más valor que la afirmación de un absurdo si las ricas y varias partes que la integran no estuvieran unidas por un pasado que nadie puede borrar; como no se puede borrar la existencia de una cordillera, unos valles, unos océanos, unas tierras con vida histórica milenaria por mucho que rasguen o destrocen el mapa que representa esa su antigua e indeleble existencia.
La Hispanidad es una realidad innegable. Millones de seres humanos que viven allende los mares, al lado de esas cordilleras, en aquellos valles, cabe a los ríos y ciudades fundadas por aquellos intrépidos descubridores, originarios de todas lugares de la vieja Hispania, son el más innegable documento, la crónica más gloriosa de la que todos los españoles actuales, incluyendo los portugueses, debemos estar orgullosos.
Por ello tenemos que ir nuevamente en busca del abrazo de nuestros hermanos de las otras orillas de los mares y océanos que surcaron nuestros antepasados. Llevan nuestra sangre, portan orgullosos nuestros apellidos, hablan nuestro idioma, el más feliz entre los idiomas, según acabo de leer, tienen una misma fe… ¿Por qué vamos a renunciar a un sentimiento legítimo de comunidad universal, al menos de una parte importantísima de ella, que hoy se materializa en una comunidad de naciones por las que corre el fluido espiritual de la Hispanidad? Lo contrario sería como tirar una vieja y gigantesca herencia por la borda.
Si todos los hombres y tierras de la España actual supieran y sintieran lo que es la Hispanidad, como su específica misión de destino, sus dolencias separatistas no existirían. Pero eso habría que haberlo enseñado desde la escuela. De todas formas, nunca es tarde para volver a empezar.
Un fuerte abrazo, hermanos del otro lado del mar. La Hispanidad es nuestra madre, que nos señala una misión conjunta para el futuro. Unidos, colaboraremos a una mejor convivencia en este dolorido planeta.
            Pedro Conde Soladana
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HISPANIDAD, cuando lo español parece perdido

Por Jorge Juan Perales para elmunicipio.es
“Oyendo hablar de un hombre, fácil es
acertar donde vio la luz del sol.
Si os alaba a Inglaterra, será inglés,
si os habla mal de Prusia, es un francés
y si habla mal de España, es español.”
( Joaquín María Bartrina. Reus, 1850. Barcelona, 1880.)
España, los españoles, después de ser el primer Imperio Global de la historia  durante más tres siglos. Después de perder Cuba y Puerto Rico en América; Filipinas en Asia; Guam en Oceanía; Sidi Ifni, Guinea Ecuatorial y el Sahara Occidental en África; prosigue su descomposición interna, con enfrentamientos civiles, resurgimiento de separatismos locales, reivindicaciones de derechos  de viejos reinos, nacionalismos fundamentados en el resentimiento y en el odio y lo más trágico, renegando o no reconociendo lo que juntos se hizo, incluso lo bueno, que ha sido mucho, en la historia de la humanidad, sin sentir la necesidad de buscar nuevos destinos. Somos el único pueblo, España, de esa historia, que ha realizado las gestas más heroicas que los tiempos recuerden, la gestación de nuevas naciones en todos los continentes, de ser los primeros en estar presentes en todos los mares y océanos; los generosos derramamientos de sangre de sus gentes en la defensa de los valores que conformaron la civilización Occidental; mezclándose en un mestizaje incontestable con los pueblos, las culturas y las personas con las que entraban en contacto, con un afán de convivencia y de transmitir  lo mejor que tenían -su espiritualidad- que con una fe férrea en los Evangelios Católicos, defendidos durante 800 años de reconquista sobre el invasor musulmán, habían definido el ser español y la configuración de España como Nación, como Estado, en una Unidad fructífera, enriquecida con la idiosincrasia de cada uno de los reinos ibéricos. Pues bien, los españoles somos el único pueblo que reniega de sus glorias, que se avergüenza de sus ancestros y que da por buenas las críticas destructivas que sobre ellos hacían y hacen con poca disimula envidia sus enemigos maliciosos. Dedicando gran parte de sus energías a autodestruirse como Unidad para volver a los comienzos cuasi tribales, cuando separadamente fueron menos fuertes, menos respetados, menos capaces para defenderse y para construir imperios. Pesimismo, disgregación, decadencia, rechazo de la tradición y de las señas de identidad de lo español; patrioterismo puramente emocional y sensiblero en unos y en otros -“más progresistas”- negación de España  como Nación, como Imperio y como Patria; llegando incluso en la década de los años 30 del siglo XX a extenderse el grito y el sentimiento psicótico y suicida de ¡Viva Rusia, Muera España! oído en la calle y en el Parlamento. Hasta nuestros días en los que ya España solo se entiende en tanto mercado, solo es formalmente un Estado sin nación y sin Patria, dónde sus símbolos no son respetados; desconocida su Historia sobre todos por los mas jóvenes, siendo una caricatura de lo que fue y sin voluntad, al menos en amplias capas de la población, de defenderla y recuperarla para empresas de proyección Universal.
Cuando lo español parece perdido, cuando España carece de Patria, cuando cunde el desaliento, la sensación de derrota y muchos dan por pérdida la recuperación del genio de España; hay que pararse, hay que escucharse, hay que oír la voz interior que habita en el inconsciente, en lo más recóndito de las entrañas, que conoce bien el alma de Hispania, para percibir el grito que con autoridad nos dice, como a Lázaro un día, Español, Hispano ¡levántate y anda!
En los momentos de crisis, decía Albert Einstein, solo la imaginación es más importante que el conocimiento. Imaginar un mundo global sin la HISPANIDAD es más inverosímil que con ella. Imaginar un mundo global sin mestizaje no es solamente  inverosímil sino que es imposible y quién sino la HISPANIDAD lo lleva consigo a su más alto grado. Imaginar un mundo global sin la lengua española por antonomasia es una idea que solo a sus odiadores se les ocurre, aun sabiendo en su fuero interno que es  más su deseo que lo que acontecerá finalmente. Imaginar un mundo global sin libertad, sin Justicia y sin Dios, aunque lo pretendan, lo estén pretendiendo, saben que tropiezan con la HISPANIDAD para impedírselo.
HISPANIDAD como revolución, como modelo de construcción de futuro, como proyección de los valores occidentales más nobles y favorecedores del bien para el hombre y para toda la humanidad. Mestizaje, crisol de culturas, catolicidad, libertad de conciencia, hermandad en el respeto a la singularidad. Convivencia con diversas lenguas y costumbres. Proceso civilizador contrastado. Defensa de lo espiritual ante el materialismo sin alma. Arraigo de lo tradicional, abierta al dinamismo constructivo de lo nuevo, en una búsqueda constante de espacios y conocimientos para ensanchar los límites del saber más, que representa el genio de lo hispano.
Movilizar a las Españas, reencontrarse, reconocerse en las hispanidades reales y sugerentes que  están visibles u ocultas o latentes en el temperamento de sus gentes, en el carácter de sus pueblos; expandiéndose por toda la humanidad, consolidándose, viviendo, aun a veces sin saberlo, como españoles de ayer, como hispanos de hoy.
HISPANIDAD en un mundo globalizado, interconectado e interdependiente, para aportar, para dar grandeza, para innovar con agudeza imaginativa proyectos de Libertad y Justicia, de Esperanza, Solidaridad y Convivencia, misión de Patria para cada hombre, para cada pueblo y para toda la humanidad, para que  encuentren terrenos, vías, caminos de trascendencia, logros de justicia social, para que disfruten de la vida y por qué no, para que pierdan el miedo a la muerte.
HISPANIDAD como contrapeso a la cultura materialista del desprecio a la vida, del relativismo sin sentido del Bien como valor permanente, inmutable y eterno. Como defensa de la norma de la Ley Natural como fundamento de las leyes. Como defensa de la razón y la fe, inseparables en un hombre digno, libre e integro.
HISPANIDAD, cuando lo español parece perdido, cuando “la neo-leyenda negra” aun persistente nos divida, nos cubra con un manto de mentiras, nos atrape en sus redes o nos atraiga a sus falsos encantos liberales o a sus hipócritas cantos socializantes. Cuando cada uno de los hispanos  nos liberemos de los tóxicos Las Casas, o de los de Reginaldo González o los del ingrato Antonio Pérez o los de los discretos Hijos de la Viuda. HISPANIDAD.
HISPANIDAD, que no es solo españolidad, que es más y será más, que es el barco en el que cabemos todos los hispanos, que en la mar nos encontramos antaño en nuevas tierras, con nuevas almas; que si todos remamos en la misma dirección y cada uno con las fuerzas que dispone, nos temerá el “pirata”- que todavía hoy iza su bandera en nuestra tierra usurpada-, neutralizaremos las revanchas de los Franciscos I -que siempre perdieron en el combate cara a cara-, saldremos victoriosos de otros lepantos y arribaremos a los puertos más seguros y llevaremos orgullosos nuestra bandera, ofreciendo generosamente nuestros mejores presentes con nuestras manos abiertas en señal de paz y amistad con todos los hombres, con todos los pueblos de la Tierra, en hermandad sincera y deseada.
HISPANIDAD, puesta en pie, mostrando su vitalidad, es verticalidad, es coraje, es dureza de conquistadores; impregnó su huella en la historia de la humanidad de tal manera que es imborrable en la memoria individual de cada hispano, en la memoria colectiva de sus pueblos y saberlo todos: en el inconsciente común y global del Mundo, en este sentido es inmortal y con ella España, lo español, lo hispanoamericano, lo iberoamericano, lo hispanoasiático, lo hispanoafricano, lo hispanooceánico y lo hispanoeuropeo encuentran su Patria para hoy y para el mañana.
Y podremos cantar la estrofa del himno legionario de los Tercios Heroicos:
“Los que en España no habéis nacido y sangre y vida dais en su honor, hijos de España sois predilectos, habéis ganado su excelso amor”.
HISPANIDAD, Patria y referencia como aporte a la nueva Humanidad. Trabajemos juntos, unamos fuerzas, ofrezcamos ideas y mostremos afán de conquista con las armas de la Razón, de la Justicia Social y de la  Libertad; reencontrándonos con la fe en nosotros mismos y en la FE de la Verdad. De liderazgo de los valores hispanos para que los Hombres tengan la oportunidad de  gozar felizmente de los bienes poéticos y espirituales impresos en la belleza de la Creación. En la HISPANIDAD seguirá siempre sin ponerse el sol para contemplarla y como en el Monasterio del Escorial sus rayos de luz señalarán el lugar Sagrado y los hombres avanzarán hacia su descubrimiento por la vía del conocimiento Universal, de la medida justa, del número exacto y de la música del silencio. En marcha, dando la cara al sol, la HISPANIDAD no ciega, sino que ilumina el horizonte, todavía hay esperanza de llegar a nuestro destino; visualizarlo con la imaginación de Quijote y el realismo de Sancho, para mostrarlo y compartirlo con todos,  en la vanguardia de los nuevos tiempos, unidos. Lisboa y Sevilla nos esperan.
Jorge Juan Perales
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miércoles, 12 de marzo de 2014

MALDITO POETA: Sobre Leopoldo María Panero Blanc


Por Eduardo López Pascual

Hace unos días murió en el psiquiátrico de Las Palmas, Canarias, el poeta Leopoldo María Panero Blanc, quién entre la clase literaria española, y mejor aun,  entre el mundo poético, fue conocido como el Loco, o el poeta maldito, y yo no sé muy bien si asÍ se le llamaba por su propia vida personal o por la singularidad de su poesía. Lo cierto es que fue un poeta muy particular, la crítica le consideraba poco menos que un genio, y de extraordinaria capacidad creadora, pues tiene más de medio centenar de obras en poesía, ensayo y novela. Personalmente nunca sabré si su trabajo merece tanta gloria, por su calidad, o porque su periplo personal lo hacía referencia para muchos intelectuales de muy marcada tendencia social y política. Es decir, ¿hubiera sido llevado a altar de los mejores escritores si Leopoldo Maria Panero Blanc no tuviera que ver nada con la familia Panero, hijo de Leopoldo, el gran poeta falangista del Canto a España, - como respuesta al Canto de Neruda-, pero que siempre lo ponen familiar, social y políticamente de manera radical frente a su padre y contra el régimen que gobernaba?
       
No lo sé, pero solo este hecho, podría justificar un historial tan laudatorio, todavía más si su actitud de acritud con los suyos era tormentosa; había relación tormentosa con su madre, no se hablaba con su hermano también recién fallecido, era la imagen contraria a figura paterna, actitud ardorosamente defendida por los escritores de “La divina izquierda española”,  que contaban así con otro disidente, otro rebelde al claustro oficial del franquismo; bien es verdad que cuando un creador, artista, escritor, arranca con una esquizofrenia detectada a los 16 0 17 años, y una experiencia buscada entre drogas. Alcohol,  y viajes con heroína, se convierte en un monstruo o cae en un , fuera de sitio., Este Leopoldo Maria se mantuvo gracias a la coca-cola y a la acogida de sus amigos de versos y política. Sin embargo no le negaré yo su lucidez como poeta, a el, que pasó más de una vida entre manicomios y días de éxtasis artificiales.
           
Este Leopoldo, autor incansable, desde las habitaciones blancas de sus Hospitales tiene a su favor,  cierto, obras de indudable altura poética, Él, según cuentan, hablaba poco, y todo o casi, lo derivaba a sus versos, por eso, aun cuando ya estaba inscrito en el rincón de los Novísimos junto a Pere Gimferrer a Vázquez Montalbán o a José Mª Álvarez,  era distante y huidizo, como en el fondo creo que corresponde a un hombre sujeto a la locura...Este Panero, el de Por el camino de Swan, el de Así se fundó Carnaby o  El último hombre, Locos, y Last River., entre otras muchas más, son testigo de una poesía que siendo buena, resulta más ensalzada por su carga simbólica de icono rebelde., de  anti franquismo y anti sistema  que seguramente, ni él mismo adivinaba.
            

Pero debemos leer a Leopoldo María Panero, de la saga de los Paneros que dio poetas como Juan Panero (tío), Juan Luis, hijo, Michi, y este loco poético de Leopoldo Pandero Blanc  que dicen ser un poeta maldito.

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miércoles, 5 de marzo de 2014

LA MEDIOCRIDAD ESTÁ EN EL AMBIENTE


Por Pedro Conde Soladana

La mediocridad es esa condición del ser humano que lo muestra como un tipo tan poco destacable y singular, por sus palabras y actos, que es necesario separarlo, en medio de la masa, como el que escoge lentejas, para ver que existe como ciudadano. Sin olvidar que es la propia masa humana el mejor campo de cultivo de esa mediocridad.

No sé si los sociólogos estarán de acuerdo; pero creo que vivimos uno de los momentos en los que la medianía, que de por sí no aspira a la virtud, es la característica más visible y abundante en la sociedad. El adocenamiento de ésta ha llegado a tal extremo que al individuo dispuesto a romper sus ataduras se le considera un exaltado, poco menos que un botarate, que va por su cuenta y nada contra corriente. Es tal el estado de placidez y adormilamiento con que se desliza esta inmensa corriente sobre la que flota nuestra sociedad, que ésta no es capaz de presentir una posible abismal catarata en el recorrido, como si la corriente se moviera sobre una llanada sin fin.

Lo anodino, lo mediano, lo vulgar, parecen los rasgos característicos con los que el ciudadano de hoy debe mostrarse para que un tácito consenso societario y general lo acepte como el estereotipo o modelo que todos debemos imitar. El lema podría ser: “no asustar para ser aceptado o no saques los pies de este tiesto de agua podrida si no quieres sufrir las consecuencias del repudio general”.

Esto tiene su explicación y origen. Recuerdo perfectamente los tiempos de la Transición e inmediatamente posteriores cuando empezó a propalarse la idea de que la democracia era un sistema -¡a ver cómo lo digo para que el recuerdo lo refleje exactamente!- que no admitía, que no aceptaba, que rechazaba lo excepcional; ni una voz más alta que otra, dejarse llevar por el “buenismo”, “toel mundo es güeno”; ¡cuidado con los exaltados! En definitiva, se venía o se quería contraponer la democracia a la dictadura, en la que de ésta la excepción es siempre la constante y su estado natural. No hacía falta que lo explicaran, ya lo sabíamos; pero fue tal el esfuerzo que hicieron algunos de aquellos intelectuales, epígonos del bien ser, el bien estar, que una mayoría de los ciudadanos, dignos, honrados, cumplidores…lo tomaron al pie de la letra, asumieron el mensaje y vinieron a caer en un conformismo patológico, en el no rechistar, en el silencio que roza el miedo; en definitiva, se fue conformando un tipo predominante de ciudadano; el que ahora tenemos a la vista: amortiguado, asustadizo y paciente como un rumiante lanar.

Pero, se ha demostrado, por el contrario, que la democracia también tiene sus picos en la gráfica de la tensión social, a veces muy agudos; picos que exigen remedio, a veces quirúrgico. Sin embargo, la ciudadanía, esa parte mayoritaria que debería reaccionar, está anestesiada con tal dosis de mediocridad que cualquier voz de alerta, un simple comentario expuesto con cierta energía sobre la grave situación en que se encuentra la propia existencia de España, la asusta. Es más, como si ese momento en que te desahogas ante unos amigos, les resultara molesto, peligroso en definitiva. Es el exaltado que decíamos antes. Y lo más que te replican: “Que lo vamos hacer, esto no tiene remedio, no te lleves mal rato”; a la par que un gesto en su cara te está insinuando “cállate, vamos a cambiar de conversación”.

Lo descrito no es una escena figurada. Me ha ocurrido hace unos días en un ascensor, como otros muchos en la calle. Me recordaba, con todos los matices, lo que se cuenta  del general Franco, que dijo a una persona, en una audiencia privada, quejosa de alguna actuación política o de la conducta de algún personaje del régimen: “Mire, haga lo que yo, no se meta en política”.

Lo intento, mas no puedo, creo que sólo me callará el silencio eterno. Era un niño cuando se me grabó, como en la piedra de los mandamientos, aquello de: “A los tibios los arrojaré de mi boca”.

Recientemente, y no es que lo haga a modo de prueba sino que lo repito con la espontaneidad que sale del corazón, que siente lo que dice y dice lo que siente, venían por una calle céntrica de la ciudad tres conocidos, de un pueblo cercano al mío. Conozco su españolidad, creo no equivocarme si digo que votan derecha. Con tono elevado que pudiera oírse a unos metros más allá, les saludé con un ¡Arriba España! No pudieron ocultar, a pesar de la sonrisa y conocer mis impulsos e ideas, un cierto temor, una cierta inquietud, un desasosiego, un como ¡cuidado, que estamos en la calle! Ante su visible e inmediata reticencia,  dije más o menos: “Pero ¿no me respondéis ante un grito que denuncia la postración actual de España?” Uno de los tres, tímido también en la sonrisa, contestó con casi un hilo de voz: “Arriba siempre”. “¡Eh!, eso es lo único que esperaba”. Repito que me ha ocurrido ya varias veces. A lo peor, es que yo sea quizá un provocador. Juro a mis lectores que no me es plato de gusto la provocación; pero me es mucho menos digerible el pastoso silencio ante la ruina de mi Patria; porque nací en una Patria, España, y quiero morir en ella.

Abunda la chabacanería, repugna la extendida ordinariez, da pena la ramplonería general, la vulgaridad es un espectáculo en pantalla. Los tipos adocenados son multitud, los insignificantes, masa. Y todos, en fin, viviendo en una paz de avestruces, con la cabeza debajo del ala.

La mediocridad, en fin, es el medio ambiente en el que vive la España de hoy. Es el anhídrido mortífero que nos va matando lentamente por falta de reacción.

Artículo de Pedro Conde Soladana en el portal Hispaniainfo.
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