La fiesta de San Fermín, especialmente los
encierros de toros, ha alcanzando fama internacional especialmente por la
referencia literaria que el escritor estadounidense Ernest Hemingway realizó en
tiempos poco anteriores a la Guerra Civil Española. Desde entonces, la ciudad
de Pamplona ha recibido cada año una multitudinaria cantidad de visitas
provenientes en su mayoría del extranjero a causa de los encierros realizados
con motivo de la festividad de San Fermín.
Todo esto puede parecer muy positivo para
España y en parte lo es… y decimos en parte porque, por otro lado, la
internacional fama de los San Fermines ha provocado que multitud de juerguistas
de todos los lados del mundo visiten la ciudad de Pamplona con el objetivo de
no parar de beber durante una semana entera.
Pamplona durante los San Fermines, Mallorca,
Ibiza, Barcelona, Madrid… ¿Por qué no sólo nuestros vecinos europeos, sino
medio planeta, parece creerse que “lo que pasa en España se queda en España”?
¿Tan poca seriedad mostramos al resto del mundo que parecen pensarse que al
cruzar los Pirineos se vive en una especie de “otra dimensión”?
Pero los aspectos negativos de los encierros
de San Fermín no pueden centrarse únicamente en los excesos de alcohol y las
imágenes lamentables por las calles de Pamplona. Además, muchos parecen
olvidarse del verdadero significado de la fiesta de San Fermín: el recuerdo de
un misionero cristiano decapitado por evangelizar en una época donde la fe
cristiana era sinónimo de pena de muerte por parte de las autoridades.
Como en la gran mayoría de las fiestas
populares y patronales de España, de un indudable origen y significado
católico, San Fermín se ha degradado hasta convertirse en una orgía de alcohol
digna de la Grecia o la Roma paganas. Habrá quien culpe de esto a los turistas
que acuden a Pamplona únicamente para ingerir cantidades semiletales de
alcohol, pero no son sólo ellos los responsables de la situación. ¿Acaso no
tienen su parte de responsabilidad los españoles de otras regiones que acuden a
Pamplona con el mismo fin que los turistas extranjeros? Y qué decir de los
pamploneses autóctonos… ¿Es que ellos no tienen responsabilidad de la situación
en que ha derivado la fiesta de San Fermín?
Pero no sólo el alcohol ha destruido la
festividad de San Fermín. También la política ha puesto de su parte. ¿Qué
pintan en medio de una celebración religiosa las banderas como la ikurriña o
aquellas pancartas que piden el acercamiento de los terroristas de ETA a las
provincias vascas?
Y es que, para empezar, la ikurriña es un
símbolo artificial creado por Sabino Arana, ideólogo y fundador del Partido
Nacionalista Vasco, para la provincia de Vizcaya (luego sus sucesores la
extendieron al resto de la región); por lo tanto, poco tiene que ver un símbolo
separatista vasco en una ciudad navarra cuando, pese a la extensión del
vascuence en esa región también, está claro que Navarra es una región diferente
de las Vascongadas. La presencia de la ikurriña en las fiestas de San Fermín
celebradas en Pamplona no deja de ser otro síntoma más del sentimiento
expansionista del separatismo vasco promulgado tanto por el PNV como por la
izquierda abertzale.
Por otra parte, la presencia de las pancartas
en apoyo a los terroristas de ETA en mitad de una celebración no deja de ser
una provocación y una gratuita exhibición de apoyo a la banda terrorista.
Viendo todo lo dicho, únicamente podemos
preguntarnos si queda algo de la fiesta de San Fermín que no haya quedado
convertido en alcohol o política.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
-elmunicipiotoledo- no se hace responsable de los comentarios de sus lectores. -elmunicipiotoledo- se reserva el derecho de arbitraje y censura. Se ruega que los comentarios no se realicen de forma anónima.
Contacto: elmunicipiotoledo@hotmail.com