El actual sistema electoral tiene, entre
otras cosas, que los españoles a la hora de votar únicamente sepan el nombre de
la persona que, de ser elegida, será su supuesto representante en el Congreso
de los Diputados y en el Senado, sin ni siquiera saber cómo es su rostro; es
decir, que los españoles cuando votamos, estamos apoyando a unos completos
desconocidos de los que tan sólo conocemos un nombre y dos apellidos. Por eso,
probablemente, muchas personas no tendrían ni idea de quién era Andrea Fabra,
una diputada del Partido Popular por la provincia de Castellón, si se les
hubiese preguntado por la identidad de esa señora hace una semana.
Pero ahora ya sí que todos los españoles
sabemos quien es Andrea Fabra. Además de ser hija de Carlos Fabra (uno de esos
políticos del Partido Popular cuya familia lleva varias décadas metida en el
mundo de la política), imputado judicialmente por diversos delitos de tráfico
de influencias, cohecho y delito fiscal; ahora todos conocemos a Andrea Fabra
por sus presuntas palabras de “¡Qué se jodan!”, entre aplausos, cuando
Mariano Rajoy anunciaba que el subsidio de desempleo se verá reducido para los
nuevos parados a partir del sexto mes.
Hay quienes han dicho, desde el entorno del
PSOE, de Izquierda Unida y de esos grupos políticos de tendencia similar, que
la expresión de Andrea Fabra era en referencia a los parados; otros, en cambio,
piensan que ese gesto de mal gusto pudo ser en referencia a los miembros del
PSOE que continuamente han estado arremetiendo contra el Gobierno desde que
venció en las urnas el pasado 20 de noviembre (y entre quienes piensan eso se
encuentra la propia Andrea Fabra).
No sabríamos decir si las palabras de la
diputada del Partido Popular iban en referencia a los parados o al PSOE. Ni
siquiera podemos decir con certeza si de verdad dijo eso, porque la mayor parte
de estas informaciones vienen de los videos emitidos por cadenas de televisión
afines al PSOE. Por lo tanto, nosotros, en lugar de criticar lo que pudo decir
la señora Fabra, preferimos criticar la actitud de su familia dentro del mundo
de la política, envuelta en algún que otro escándalo y cómplice del negocio del
aborto (su marido fue durante varios años consejero de Sanidad en la Comunidad
de Madrid, donde entorpeció investigaciones a clínicas abortistas acusadas de
irregularidades).
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