LA EVOLUCIÓN
ESPECÍFICA
Por
José Antonio Chamorro Manzano
Antes de entrar
de lleno en este tema, parece conveniente hacer una muy breve relación
recordatoria de los hechos indiscutibles previos, biológicos, que ya conocemos
y que hicieron posible el llegar a este otro trascendental hecho en la historia
de la Creación, el hecho de la evolución específica. Así:
- Primero, era
Dios, el Creador cuando tomó Él naturaleza creadora.
- Siguió la
creación de la primer alma –criatura de Dios– que actuaría de individualidad procreadora
complementaria con Él: La Naturaleza.
- Luego, la
Naturaleza –debidamente dotada e inspirada por Dios– hubo de procrear el reino
mineral universal, y con los elementos materiales de este reino se elaboró su
propio cósmico cuerpo u organismo físico individual: Surgiendo así a la vida el
individuo viviente que denominamos Universo.
- Después y
cuando el individuo viviente Universo alcanzó ya su estado funcional de madurez
reproductiva, llevó a cabo él mismo la función de procrear los individuos de la
primera generación de seres vivientes –hijos suyos– habitantes habidos en el
planeta Tierra. – El hecho de que nos refiramos al planeta Tierra, no nos
impide reconocer que en otros de los infinitos planetas habidos en el Universo
pudiera surgir de igual modo la vida.
- Y ya surgidos a
la vida los primeros seres vivientes terrícolas –dotados con respectiva alma
individual creada y motivada existencialmente por Dios con el Código Genético
Divino, e inspirados en lo genético funcional por su alma progenitora (la
Naturaleza) mediante el código genético genealógico–, se lanzaron ellos
individualmente a procurar realizar su correspondiente proyecto genérico de
vida terrena (dotarse de organismo físico corporal, evolucionar para conseguir
alcanzar el estado de madurez reproductiva, procrear sus propios hijos y, para finalizar,
agotarse fisiológicamente y morir). Al repetirse de modo continuado sucesivo –en
ininterrumpidas cadenas generacionales– la función reproductora,
enriqueciéndose en cada nuevo eslabón filial el código genético genealógico de
su respectiva cadena – enriqueciéndose con las nuevas informaciones de aplicación
funcional que hubieran sido adquiridas en el transcurso de su experiencia vital
por su individuo procreador–, se producía el hecho de la “evolución individual”
(microevolución), a la vez que el hecho de la “evolución específica”
(macroevolución).
- -
En consideración
a todo lo dicho, pasamos ya al tema anunciado: La Evolución Específica.
- Para empezar, el
individuo viviente Universo procreó sus propios hijos (en colaboración con
Dios, que les ponía el alma individual debidamente inspirada a efectos
existenciales, y entre esos efectos estaba el de procurar llegar a ser procreadores
complementarios con Dios); hijos, todos ellos hermanos, todos similares entre
sí, todos unicelulares bacterianos. De cómo serían aquellas primeras células
vivientes, algún día podrá hablar con más firmeza la Biología; bástenos decir
aquí que pudieran ser ellas las más simples estructuras orgánicas corporales
capaces de vivir y cumplir el proyecto genérico de vida individual indicado en
el Código Genético Divino, obrante éste en el alma de cada individuo viviente.
Los registros paleontológicos actuales afirman que existen testimonios fósiles
de que hace 3.600 millones de años ya existían células procariotas; y es de
suponer que éstas fueran descendientes de aquellas otras primeras habidas
(arqueobacterias ?). Después, habría de esperarse durante 2.200 ms., de as.,
hasta que hace 1.400 ms., surgieron las células eucariotas (¿descendientes de
las procariotas?).
Y ¿por qué el
Universo habría de procrear criaturas tan minúsculas y elementales? Pues, se
supone, que porque en aquel entonces en el planeta Tierra, en el cual todo lo
existente era puro mineral sometido a las cósmicas fuerzas y energías, las
condiciones ambientales eran bruscas y extremas (las variaciones térmicas, la radiación
solar sin filtro alguno, las incesantes descargas eléctricas nubes-tierra, las características
agresivas de la composición química de las aguas y de la atmósfera, etc.). La
Naturaleza sabría que en tales condiciones ambientales ningún otro tipo de
organismo biológico podría sobrevivir; y que luego, durante el transcurso de
los tiempos, ya todo evolucionaria paso
a paso y podrían llegarse a completar los designios divinos, con la más
fantástica saturación de vida diversa, compleja e interdependiente habida y por
haber.
- Las criaturas
filiales del Universo, aquellas miríadas de simplísimas arqueocélulas
bacterianas, se lanzaban incontenibles a cumplir el proyecto genérico de vida
terrena que bullía en su alma; y las que tenían éxito procreaban (en
colaboración con Dios, que ponía el alma filial) su propia hija, a la cual
transmitían su información genética funcional, o código genético genealógico,
que sumaba la información que había comunicado el procreador primero, el
Universo, más la información práctica adquirida por la ahora progenitora en el transcurso
de su experiencia vital. A su vez, las criaturas pertenecientes a la tercera
generación habida se lanzaban también a cumplir su correspondiente proyecto
genérico de vida terrena, y cuando cumpliesen la función procreadora
transmitirían a sus respectivas hijas su código genético, incrementado ya con
su propia información funcional adquirida. Y de igual modo continuaría
ocurriendo a lo largo de millones de veces en toda cadena generacional que no
quedase cortada.
No puede caber
duda de que, con aquellos aportes individuales de nueva información genética,
los códigos genéticos transmitidos en cada cadena se iban enriqueciendo y
permitirían a las nuevas criaturas surgentes el iniciar su proyecto de vida
desde posiciones más avanzadas que lo habían sido las respectivas de cualquiera
de sus antecesores genealógicos. Ello les permitiría a las nuevas criaturas el obtener
resultados funcionales más completos que los obtenidos por sus ascendientes. Entonces,
comparando la tipología de los individuos en cualquiera respectiva cadena,
tendría que observarse diferencias orgánicas y funcionales entre los individuos
muy anteriores y los muy posteriores. Así los individuos se irían adaptando
mejor a las condiciones reinantes en sus hábitats, y sus organismos corporales se
irían desarrollando y haciéndose más complejos y funcionales.
- La vida
continuaba afirmándose sobre la Tierra, y la evolución continuaba dando sus
frutos; con ello y por lo que respecta al reino animal, la Paleontología puede
aseverar que hace 650 millones de años., ya existían animales pluricelulares
con partes corporales duras, y hace 360 ms., ya existían vertebrados
terrestres, y hace 65 ms., ya existían mamíferos. Y hemos de deducir que toda la
diversidad tipológica psico-física que se manifestara entre grupos o especies
de seres vivientes habidos, sería el resultado acumulado genealógicamente de
los modos especializados de actuación con los que cada uno de los individuos
tratase de lograr su supervivencia y su funcionalidad, y también de los modos
con que tratase de adaptarse a las circunstancias de carácter geoambiental o
convivencial que a cada momento le fueran estimulando.
- En la historia
de la evolución específica hubo diversos hechos determinantes que supusieron
sendos aceleradores para la multiplicación de la existencia de nuevas especies,
y también para el incremento de la complejidad orgánica y funcional de los
individuos. Uno de tales hechos, lo fue el agotamiento de los recursos
nutrientes y energéticos naturales que la Naturaleza había acumulado en
suspensión en las masas de agua terrestres. Otro hecho determinante lo fue el
surgimiento de la reproducción sexual.
Con respecto al
agotamiento de los recursos nutrientes y energéticos naturales; parece ser que después
de transcurrida ya la vida de muchos miles de millones de generaciones de
aquellos rudimentarios primeros habitantes de la Tierra, es decir al cabo de
casi mil millones de años de vida microbiana en nuestro planeta, parece ser que
comenzó a acusarse escasez de aquellas sustancias moleculares minerales,
nutrientes y energéticas, existentes en suspensión en las aguas por haberlas
concentrado allí la primitiva actividad vital del Universo; y ello provocó,
para muchos o para una gran parte de todos los seres vivos existentes a la
sazón y que hasta entonces dependían, para lograr su subsistencia, de su
aprovisionamiento con tales sustancias naturales, ello les provocó una
situación de necesidad vital que a los propios individuos correspondía resolver
en adelante; lo cual hubo de conducir a cambios fundamentales en el tipo
funcional de vida que hasta allí se había seguido, llegándose incluso al
surgimiento de tipos depredadores o parásitos de otros individuos de su
entorno, a fin de así poder absorber sustancias de las que compusieran los
cuerpos de éstos otros, y llegándose también al surgimiento de los inventores
de la fotosíntesis.
- A partir de los
aludidos trascendentales cambios funcionales habidos, la vida en la Tierra tomó
nuevos rumbos evolutivos que propiciaron el surgimiento de las especies que
habían de iniciar la existencia del reino vegetal y de las especies que habían
de iniciar la existencia del reino animal. En una primera etapa, los más
aventajados de los seres pluricelulares primitivos prosiguieron en su evolución
específica hasta llegar a hacer surgir los que pudieran ser denominados “primeros pólipos habidos”; pólipos que laboraban
para dotarse con un tipo de organismo corporal de características tubulares,
con un pedúnculo en un extremo para fijarse a las rocas submarinas y con una
abertura situada en el extremo opuesto y a través de la cual poder llevar a
cabo sus actividades alimentarias y otras actividades funcionales; además, se
iban dotando orgánicamente ellos de una especie de haces fibrilares y que
llegarían a constituir un elemental sistema nervioso dorsal. Tal tipo de
estructura corporal era el resultado acumulado de las impulsivas labores de
diseño y pruebas parciales efectuadas por los, incalculables, millones de
individuos pertenecientes a las generaciones antecesoras suyas, en su
respectiva cadena biológica y a lo largo de también muchos millones de años.
En su instintivo
afán por adaptarse al entorno vital, prosperar y ser superiores a sus
competidores, y a lo largo de otros muchos millones de años, otro número
incalculable de millones de generaciones descendientes de aquellos primitivos
pólipos laboraron para ir consiguiendo perfeccionar su propio organismo
corporal: procuraron dotarlo de elemental encéfalo, de vértebras dorsales, de
tubo digestivo, de órganos respiratorios, de corazón, de arteria aorta, de
cavidad bucal, de mandíbulas, de dos pares de miembros locomotores, así como de
apéndices especializados para captar impresiones táctiles u olfativas o
luminosas o sonoras y, también, dotarlo de órganos adecuados para realizar su
reproducción biológica mediante el evolucionado sistema sexual; los animales
resultantes de tal proceso evolutivo son denominados, genéricamente, cordados
vertebrados.
También millones
de generaciones y millones de años fueron necesarios para que los más aventajados
de los cordados vertebrados llegaran a convertirse en peces pulmonados y para
que, de entre éstos, surgieran los anfibios; y, por su parte, los anfibios
fueron laborando para convertir sus aletas en patas, delanteras y traseras, que
necesitarían ellos para poder desplazarse también por suelo firme. Luego, los
anfibios más evolucionados se ocuparon en conseguirse el tipo de estructura que
denominamos reptil, desarrollaron garras en la extremidad de sus dedos y
realizaban la función reproductora mediante la modalidad de fecundación
interna, mediante la fecundación en el ámbito del seno preparado a tal efecto
en el interior de su cuerpo por las hembras. Como descendientes de aquellos
primitivos reptiles llegaron a surgir los mamíferos placentarios, y de entre
éstos, hace sesenta millones de años, surgieron los primates, de costumbres
arborícolas y de cuyos dedos ya se había hecho desaparecer la garra, para ser
sustituida por uña, al tiempo que convertían en oponentes sus dedos pulgares y
se dotaban de dentición polivalente.
A continuación y
durante treinta y cinco millones de años, los más aventajados primates
laboraron genéticamente para conseguir desarrollar su cerebro, a efectos de
capacitarlo como principal instrumento para que su alma pudiera controlar y
dirigir de un modo más eficiente la realización de las cada vez más complejas
actividades funcionales que pretendiese ella; y de igual manera laboraron
también los primates más aventajados para alargar sus patas, para caminar
erguidos, para hacer desaparecer su ya innecesario rabo, para aprender a
valerse de utensilios naturales a su alcance, etc., etc.; y, con todo ello, los
aún más aventajados de tales primates consiguieron hacer posible la aparición
de los homínidos; alguna rama de cuyos homínidos (el Homo habilis y el Homo
erectus), con su considerable progreso psico-físico, que la diferenciaba de
las de chimpancés y gorilas, hizo posible que hace cien mil años apareciese el
inmediato antecesor del ser humano: el “homo
sapiens”.
Y el, aún más
considerable y rápido, progreso psico-físico aportado por los componentes de la
ya también desaparecida especie “homo
sapiens” llevó al surgimiento de individuos capaces de llegar a pensar
reflexivamente, de llegar a sentir responsabilidad moral, de fabricar instrumentos
complejos, de servirse inteligentemente de los más asequibles elementos
naturales y de los seres vivientes –con el fin de poder superar así sus propias
limitaciones individuales y de poder multiplicar los efectos resultantes de sus
propias capacidades funcionales–; resultando así unos nuevos individuos
capaces también de crear vocabulario complejo para poder intercomunicarse sus
pensamientos e ideas, así como también capaces ellos de organizarse socialmente
en agrupamientos familiares múltiples, etc., etc.; lográndose con todo ello la
aparición del hombre primitivo,
lográndose con todo ello la aparición de los primeros individuos que
presentaban ya completo el conjunto básico de caracteres psico-físicos propios
de los individuos pertenecientes a la especie humana.
Finalmente, el
desarrollo laboral, el intelectual, el artístico, el artesano, el técnico, el
científico, el industrial, el social, el espiritual, etc., conseguidos mediante
el esfuerzo y el afán de las pasadas generaciones de seres humanos que nos
anteceden, resultaron decisivos para que el hombre actual se halle en el estado
que le capacita y le caracteriza y en muchas de las circunstancias que, para
bien o para mal, condicionan y predisponen su existencia y sus actividades como
excepcional partícipe y criatura más cualificada de entre todas cuantas hasta
ahora han surgido en el marco de la Creación terrenal.
Y, por último, lo
más importante: pensar en Dios, el Creador. Que es obedecido de modo genético
vegetativo por toda criatura viviente. Y que se ofrece paternalmente Él a la
buena voluntad de todas Sus criaturas capaces de procurar sentirle
espiritualmente y de procurar entenderle de modo racional inteligente.
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