domingo, 15 de abril de 2012

La auténtica filosofía XII.

 
LA EVOLUCIÓN ESPECÍFICA

Por José Antonio Chamorro Manzano



Antes de entrar de lleno en este tema, parece conveniente hacer una muy breve relación recordatoria de los hechos indiscutibles previos, biológicos, que ya conocemos y que hicieron posible el llegar a este otro trascendental hecho en la historia de la Creación, el hecho de la evolución específica. Así:

- Primero, era Dios, el Creador cuando tomó Él naturaleza creadora.

- Siguió la creación de la primer alma –criatura de Dios– que actuaría de individualidad procreadora complementaria con Él: La Naturaleza.

- Luego, la Naturaleza –debidamente dotada e inspirada por Dios– hubo de procrear el reino mineral universal, y con los elementos materiales de este reino se elaboró su propio cósmico cuerpo u organismo físico individual: Surgiendo así a la vida el individuo viviente que denominamos Universo.

- Después y cuando el individuo viviente Universo alcanzó ya su estado funcional de madurez reproductiva, llevó a cabo él mismo la función de procrear los individuos de la primera generación de seres vivientes –hijos suyos– habitantes habidos en el planeta Tierra. – El hecho de que nos refiramos al planeta Tierra, no nos impide reconocer que en otros de los infinitos planetas habidos en el Universo pudiera surgir de igual modo la vida.

- Y ya surgidos a la vida los primeros seres vivientes terrícolas –dotados con respectiva alma individual creada y motivada existencialmente por Dios con el Código Genético Divino, e inspirados en lo genético funcional por su alma progenitora (la Naturaleza) mediante el código genético genealógico–, se lanzaron ellos individualmente a procurar realizar su correspondiente proyecto genérico de vida terrena (dotarse de organismo físico corporal, evolucionar para conseguir alcanzar el estado de madurez reproductiva, procrear sus propios hijos y, para finalizar, agotarse fisiológicamente y morir). Al repetirse de modo continuado sucesivo –en ininterrumpidas cadenas generacionales– la función reproductora, enriqueciéndose en cada nuevo eslabón filial el código genético genealógico de su respectiva cadena – enriqueciéndose con las nuevas informaciones de aplicación funcional que hubieran sido adquiridas en el transcurso de su experiencia vital por su individuo procreador–, se producía el hecho de la “evolución individual” (microevolución), a la vez que el hecho de la “evolución específica” (macroevolución).

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En consideración a todo lo dicho, pasamos ya al tema anunciado: La Evolución Específica.

- Para empezar, el individuo viviente Universo procreó sus propios hijos (en colaboración con Dios, que les ponía el alma individual debidamente inspirada a efectos existenciales, y entre esos efectos estaba el de procurar llegar a ser procreadores complementarios con Dios); hijos, todos ellos hermanos, todos similares entre sí, todos unicelulares bacterianos. De cómo serían aquellas primeras células vivientes, algún día podrá hablar con más firmeza la Biología; bástenos decir aquí que pudieran ser ellas las más simples estructuras orgánicas corporales capaces de vivir y cumplir el proyecto genérico de vida individual indicado en el Código Genético Divino, obrante éste en el alma de cada individuo viviente. Los registros paleontológicos actuales afirman que existen testimonios fósiles de que hace 3.600 millones de años ya existían células procariotas; y es de suponer que éstas fueran descendientes de aquellas otras primeras habidas (arqueobacterias ?). Después, habría de esperarse durante 2.200 ms., de as., hasta que hace 1.400 ms., surgieron las células eucariotas (¿descendientes de las procariotas?).

Y ¿por qué el Universo habría de procrear criaturas tan minúsculas y elementales? Pues, se supone, que porque en aquel entonces en el planeta Tierra, en el cual todo lo existente era puro mineral sometido a las cósmicas fuerzas y energías, las condiciones ambientales eran bruscas y extremas (las variaciones térmicas, la radiación solar sin filtro alguno, las incesantes descargas eléctricas nubes-tierra, las características agresivas de la composición química de las aguas y de la atmósfera, etc.). La Naturaleza sabría que en tales condiciones ambientales ningún otro tipo de organismo biológico podría sobrevivir; y que luego, durante el transcurso de los tiempos,  ya todo evolucionaria paso a paso y podrían llegarse a completar los designios divinos, con la más fantástica saturación de vida diversa, compleja e interdependiente habida y por haber.

- Las criaturas filiales del Universo, aquellas miríadas de simplísimas arqueocélulas bacterianas, se lanzaban incontenibles a cumplir el proyecto genérico de vida terrena que bullía en su alma; y las que tenían éxito procreaban (en colaboración con Dios, que ponía el alma filial) su propia hija, a la cual transmitían su información genética funcional, o código genético genealógico, que sumaba la información que había comunicado el procreador primero, el Universo, más la información práctica adquirida por la ahora progenitora en el transcurso de su experiencia vital. A su vez, las criaturas pertenecientes a la tercera generación habida se lanzaban también a cumplir su correspondiente proyecto genérico de vida terrena, y cuando cumpliesen la función procreadora transmitirían a sus respectivas hijas su código genético, incrementado ya con su propia información funcional adquirida. Y de igual modo continuaría ocurriendo a lo largo de millones de veces en toda cadena generacional que no quedase cortada.




No puede caber duda de que, con aquellos aportes individuales de nueva información genética, los códigos genéticos transmitidos en cada cadena se iban enriqueciendo y permitirían a las nuevas criaturas surgentes el iniciar su proyecto de vida desde posiciones más avanzadas que lo habían sido las respectivas de cualquiera de sus antecesores genealógicos. Ello les permitiría a las nuevas criaturas el obtener resultados funcionales más completos que los obtenidos por sus ascendientes. Entonces, comparando la tipología de los individuos en cualquiera respectiva cadena, tendría que observarse diferencias orgánicas y funcionales entre los individuos muy anteriores y los muy posteriores. Así los individuos se irían adaptando mejor a las condiciones reinantes en sus hábitats, y sus organismos corporales se irían desarrollando y haciéndose más complejos y funcionales.

- La vida continuaba afirmándose sobre la Tierra, y la evolución continuaba dando sus frutos; con ello y por lo que respecta al reino animal, la Paleontología puede aseverar que hace 650 millones de años., ya existían animales pluricelulares con partes corporales duras, y hace 360 ms., ya existían vertebrados terrestres, y hace 65 ms., ya existían mamíferos. Y hemos de deducir que toda la diversidad tipológica psico-física que se manifestara entre grupos o especies de seres vivientes habidos, sería el resultado acumulado genealógicamente de los modos especializados de actuación con los que cada uno de los individuos tratase de lograr su supervivencia y su funcionalidad, y también de los modos con que tratase de adaptarse a las circunstancias de carácter geoambiental o convivencial que a cada momento le fueran estimulando.

- En la historia de la evolución específica hubo diversos hechos determinantes que supusieron sendos aceleradores para la multiplicación de la existencia de nuevas especies, y también para el incremento de la complejidad orgánica y funcional de los individuos. Uno de tales hechos, lo fue el agotamiento de los recursos nutrientes y energéticos naturales que la Naturaleza había acumulado en suspensión en las masas de agua terrestres. Otro hecho determinante lo fue el surgimiento de la reproducción sexual.

Con respecto al agotamiento de los recursos nutrientes y energéticos naturales; parece ser que después de transcurrida ya la vida de muchos miles de millones de generaciones de aquellos rudimentarios primeros habitantes de la Tierra, es decir al cabo de casi mil millones de años de vida microbiana en nuestro planeta, parece ser que comenzó a acusarse escasez de aquellas sustancias moleculares minerales, nutrientes y energéticas, existentes en suspensión en las aguas por haberlas concentrado allí la primitiva actividad vital del Universo; y ello provocó, para muchos o para una gran parte de todos los seres vivos existentes a la sazón y que hasta entonces dependían, para lograr su subsistencia, de su aprovisionamiento con tales sustancias naturales, ello les provocó una situación de necesidad vital que a los propios individuos correspondía resolver en adelante; lo cual hubo de conducir a cambios fundamentales en el tipo funcional de vida que hasta allí se había seguido, llegándose incluso al surgimiento de tipos depredadores o parásitos de otros individuos de su entorno, a fin de así poder absorber sustancias de las que compusieran los cuerpos de éstos otros, y llegándose también al surgimiento de los inventores de la fotosíntesis.

- A partir de los aludidos trascendentales cambios funcionales habidos, la vida en la Tierra tomó nuevos rumbos evolutivos que propiciaron el surgimiento de las especies que habían de iniciar la existencia del reino vegetal y de las especies que habían de iniciar la existencia del reino animal. En una primera etapa, los más aventajados de los seres pluricelulares primitivos prosiguieron en su evolución específica hasta llegar a hacer surgir los que pudieran ser denominados “primeros pólipos habidos”; pólipos que laboraban para dotarse con un tipo de organismo corporal de características tubulares, con un pedúnculo en un extremo para fijarse a las rocas submarinas y con una abertura situada en el extremo opuesto y a través de la cual poder llevar a cabo sus actividades alimentarias y otras actividades funcionales; además, se iban dotando orgánicamente ellos de una especie de haces fibrilares y que llegarían a constituir un elemental sistema nervioso dorsal. Tal tipo de estructura corporal era el resultado acumulado de las impulsivas labores de diseño y pruebas parciales efectuadas por los, incalculables, millones de individuos pertenecientes a las generaciones antecesoras suyas, en su respectiva cadena biológica y a lo largo de también muchos millones de años.

En su instintivo afán por adaptarse al entorno vital, prosperar y ser superiores a sus competidores, y a lo largo de otros muchos millones de años, otro número incalculable de millones de generaciones descendientes de aquellos primitivos pólipos laboraron para ir consiguiendo perfeccionar su propio organismo corporal: procuraron dotarlo de elemental encéfalo, de vértebras dorsales, de tubo digestivo, de órganos respiratorios, de corazón, de arteria aorta, de cavidad bucal, de mandíbulas, de dos pares de miembros locomotores, así como de apéndices especializados para captar impresiones táctiles u olfativas o luminosas o sonoras y, también, dotarlo de órganos adecuados para realizar su reproducción biológica mediante el evolucionado sistema sexual; los animales resultantes de tal proceso evolutivo son denominados, genéricamente, cordados vertebrados.

También millones de generaciones y millones de años fueron necesarios para que los más aventajados de los cordados vertebrados llegaran a convertirse en peces pulmonados y para que, de entre éstos, surgieran los anfibios; y, por su parte, los anfibios fueron laborando para convertir sus aletas en patas, delanteras y traseras, que necesitarían ellos para poder desplazarse también por suelo firme. Luego, los anfibios más evolucionados se ocuparon en conseguirse el tipo de estructura que denominamos reptil, desarrollaron garras en la extremidad de sus dedos y realizaban la función reproductora mediante la modalidad de fecundación interna, mediante la fecundación en el ámbito del seno preparado a tal efecto en el interior de su cuerpo por las hembras. Como descendientes de aquellos primitivos reptiles llegaron a surgir los mamíferos placentarios, y de entre éstos, hace sesenta millones de años, surgieron los primates, de costumbres arborícolas y de cuyos dedos ya se había hecho desaparecer la garra, para ser sustituida por uña, al tiempo que convertían en oponentes sus dedos pulgares y se dotaban de dentición polivalente.

A continuación y durante treinta y cinco millones de años, los más aventajados primates laboraron genéticamente para conseguir desarrollar su cerebro, a efectos de capacitarlo como principal instrumento para que su alma pudiera controlar y dirigir de un modo más eficiente la realización de las cada vez más complejas actividades funcionales que pretendiese ella; y de igual manera laboraron también los primates más aventajados para alargar sus patas, para caminar erguidos, para hacer desaparecer su ya innecesario rabo, para aprender a valerse de utensilios naturales a su alcance, etc., etc.; y, con todo ello, los aún más aventajados de tales primates consiguieron hacer posible la aparición de los homínidos; alguna rama de cuyos homínidos (el Homo habilis y el Homo erectus), con su considerable progreso psico-físico, que la diferenciaba de las de chimpancés y gorilas, hizo posible que hace cien mil años apareciese el inmediato antecesor del ser humano: el “homo sapiens”.

Y el, aún más considerable y rápido, progreso psico-físico aportado por los componentes de la ya también desaparecida especie “homo sapiens” llevó al surgimiento de individuos capaces de llegar a pensar reflexivamente, de llegar a sentir responsabilidad moral, de fabricar instrumentos complejos, de servirse inteligentemente de los más asequibles elementos naturales  y de los seres vivientes –con el fin de poder superar así sus propias limitaciones individuales y de poder multiplicar los efectos resultantes de sus propias capacidades funcionales–; resultando así unos nuevos individuos capaces también de crear vocabulario complejo para poder intercomunicarse sus pensamientos e ideas, así como también capaces ellos de organizarse socialmente en agrupamientos familiares múltiples, etc., etc.; lográndose con todo ello la aparición del hombre primitivo, lográndose con todo ello la aparición de los primeros individuos que presentaban ya completo el conjunto básico de caracteres psico-físicos propios de los individuos pertenecientes a la especie humana.

Finalmente, el desarrollo laboral, el intelectual, el artístico, el artesano, el técnico, el científico, el industrial, el social, el espiritual, etc., conseguidos mediante el esfuerzo y el afán de las pasadas generaciones de seres humanos que nos anteceden, resultaron decisivos para que el hombre actual se halle en el estado que le capacita y le caracteriza y en muchas de las circunstancias que, para bien o para mal, condicionan y predisponen su existencia y sus actividades como excepcional partícipe y criatura más cualificada de entre todas cuantas hasta ahora han surgido en el marco de la Creación terrenal.

Y, por último, lo más importante: pensar en Dios, el Creador. Que es obedecido de modo genético vegetativo por toda criatura viviente. Y que se ofrece paternalmente Él a la buena voluntad de todas Sus criaturas capaces de procurar sentirle espiritualmente y de procurar entenderle de modo racional inteligente.

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