(Palabras
pronunciadas por José Antonio Primo de Rivera el 10 de febrero de 1934.)
Aquí
tenemos, ya en tierra, a uno de nuestros mejores camaradas. Nos da la lección
magnífica de su silencio. Otros, cómodamente, nos aconsejarán desde sus casas
ser más animosos, más combativos, más duros en las represalias. Es muy fácil
aconsejar. Pero Matías Montero no aconsejo ni habló: se limitó a salir a la
calle a cumplir con su deber, aun sabiendo que probablemente en la calle le
aguardaba la muerte. Lo sabía porque se lo tenían anunciado. Poco antes de
morir dijo: "Sé que estoy amenazado de muerte, pero no me importa si es
para bien de España y de la causa". No pasó mucho tiempo sin que una bala
le diera cabalmente en el corazón, donde se acrisolaba su amor a España y su
amor a la Falange.
¡Hermano
y camarada Matías Montero y Rodríguez de Trujillo! Gracias por tu ejemplo.
Que
Dios te dé su eterno descanso y a nosotros nos niegue el descanso hasta que
sepamos ganar para España la cosecha que siembra tu muerte.
Por
última vez: Matías Montero y Rodríguez de Trujillo. (Todos contestan:
"¡Presente!")
¡Viva
España!
(Todos
contestan: "¡Viva!")
(La
Nación, 10 de febrero de 1934, y F.E., núm. 7,
22 de febrero de 1934)
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