miércoles, 25 de enero de 2012

BIOGRAFÍA DEL IDIOMA ESPAÑOL.





Por José Antonio Chamorro Manzano


Como punto de arranque notorio para señalar el momento del nacimiento del idioma Español, debería tomarse el mismo punto o momento que se señala como el del nacimiento a la vida pública mundial del ente orgánico o ser viviente colectivo que después sería denominado: España. Dicho punto o momento común para ambos nacimientos, a efectos formales es reconocido de modo unánime como el señalado por la mutua fusión estatal del reino de Aragón y el reino de Castilla, mediante el correspondiente pacto o capitulación firmado por el Rey D. Fernando y por la Reina Dª. Isabel. Ambos recibirían más adelante el sobrenombre de Católicos.

Aquella fusión estatal interreinos, a efectos biológicos necesitaba sustentarse sobre una patria (alma) y sobre una nación (cuerpo). Patria y nación, incipientes ya y que tenían sus raíces primarias situadas milenios atrás, cuando las gentes habitantes en los territorios que después serían los respectivos solares de ambos reinos empezaran a saber unas de otras, cuando empezaran a observarse y a recelar entre sí, y cuando luego empezaran a tomarse como mutua referencia de vida, y cuando empezaran a desear tener pacífica convivencia entre ellas, y cuando aunque muy dificultosamente empezaran a establecer lazos amistosos, matrimoniales, etc.

A juicio de los biólogos, una de las causas más influyentes en el acusado retraso evolutivo de las gentes ibéricas, lo era su constante conducta endogámica procreadora, al formar las parejas procreadoras entre habitantes en los mismos pequeños territorios o terruños; con lo cual, los respectivos aportes genéticos eran muy similares entre sí y, por ello, poco apropiados para la rapidez y la cuantía evolutiva de los descendientes habidos. Luego, tras la fusión de ambos referidos reinos hispanos, ya empezaría a corregirse aquella deficiencia evolutiva biológica, al incrementarse y hacerse más extensas las relaciones sociales y más numerosos los emparejamientos genéticos diferenciados; ventajas que se notarían también en los aspectos culturales de todo orden, entre ellos el lingüístico.

Del modo paulatino que enseña la Historia, a aquella primera fusión interreinos irían incorporándose todos los otros reinos o condados o señoríos ibéricos. La joven futura gran Patria y gran Nación, España, estaba en marcha y se desbordaba ella por el ancho mundo; un mundo, en el que todo eran localismos o regionalismos o incipientes naciones que, sin la fuerza teológico moral que, por una parte, inspiraba y motivaba a los europeos (pero en especial a los españoles) y la similar fuerza que, por otra parte, inspiraba y motivaba a los mahometanos, era un mundo que se mantenía en estados culturales primitivos de estancamiento civilizador.

Y España, controlada y moderada por el poder Papal y la jerarquía eclesial, se lanzó a una empresa civilizadora exterior que se acomodara con la innata inspiración divina de debida sociabilidad humana. Y España consiguió difundir entre multitud de lejanos pueblos el alma española (la Patria) que estaba en constante evolución, cada vez más enriquecida con las aportaciones de los nuevos pueblos incorporados; y, con ello, el cuerpo tangible español (la Nación) se iba engrandeciendo y fortaleciendo. Y así nació y se desarrolló el Imperio español.

La evolución del lenguaje Español corría paralela con la de España; y, correspondiendo a las motivaciones espirituales y morales que predominaban en la colectividad humana española, aquel lenguaje se iba puliendo y enriqueciendo para poder satisfacer mejor los crecientes anhelos trascendentes, teológicos, filosóficos, literarios, poéticos, sentimentales o de simple cortesía interpersonal. Y, así, el Español se iba haciendo más funcional y comprensible y se difundía con rapidez y naturalidad, tanto por todos los ámbitos culturales mundiales con los que se mantenían vínculos, incluidos los europeos que se esforzaban por alcanzar la misma altura lingüística que la de él, como por los ámbitos populares comunicativos; pero…

Pero los poderes centroeuropeos tendían hacia aspectos más materialistas de la vida; tenían más interés en las cuestiones de propio predominio y colonialistas, más interés que en las cuestiones civilizadoras; tenían más interés en las cuestiones pragmáticas utilitarias o de provecho científico físico, más que en las cuestiones humanistas sentimentales, reflexivas e ideológicas trascendentes. Aquello generó una progresiva disgregación del alma europea, aquello fue llevando luego por caminos de confrontación a las naciones o los pueblos europeos; aquello acabaría por resultar en el agotamiento ideológico y fisiológico de todas las naciones y los pueblos europeos. Eso es lo que enseña la Historia.




Hacia el comienzo del siglo XVIII, Europa era una potencia histórica agotada, que dejaba un vacío de necesario poder rector en el mundo. Pero el mundo estaba vivo, y alguien se decidió a ocupar el necesario poder vacante; ese alguien fue un incipiente poder que se estaba gestando en las jóvenes colonias inglesas en América del Norte. Con su vigor juvenil, tal nuevo poder no sólo consiguió su propia emancipación de la metrópoli inglesa; sino que consiguió imponer su dominio y colonizar a esa su antigua metrópoli. Aquello fue el comienzo de un proceso de carácter expansivo, imperialista, colonizador mundial; dicho nuevo poder, mediante la Revolución Francesa, consiguió colonizar Francia; y en su imparable expansión consiguió la fragmentación estatal del Imperio Español; y, mediante las guerras napoleónicas, consiguió el arrollamiento de toda Europa, que quedó inerme ante las falsas y corrosivas filosofías ideológicas inanes, masificadoras, e inerme también quedó ella ante las llamadas revoluciones burguesas o populares falsas; y luego vendrían la I Guerra Mundial y la Revolución Rusa 1917-… y la Guerra Civil Española 1931-39 y la II Guerra Mundial y el mundo de hoy.

El problema que condicionaba aquel nuevo (ahora ya trisecular) poder, era que estaba muy influido por su ascendencia británica, que adolecía de falta de una acertada motivación filosófica, teológica, lo cual le llevaba a ese poder, en su gestión rectora, hacia el imperialismo colonialista masificador inane, bajo el cual hoy se encuentra globalizado nuestro perplejo mundo.

Con todo lo cual, el idioma Inglés utilitario se fue imponiendo por el mundo, procurando la reducción de los demás idiomas que pudieran hacerle sombra. En ese sentido, el principal escollo lo encontró en el Español; éste se hallaba sólidamente asentado en todos los pueblos que habían formado parte del Imperio español, él era el aglutinante y el vehículo de toda relación social de la secular alma hispana de los moradores de tales pueblos; y el alma hispana se afirmaba en la más alta motivación espiritual, en la fidelidad a Dios y a la Patria, y, además, esa misma alma vivificaba a la más numerosa comunidad nacional habida en el mundo occidental. Porque, la fragmentación estatal del Imperio Español, no supuso la aniquilación del alma (patria) hispana ni del cuerpo (nación) hispano de los antiguos integrantes del aquel hispano imperio; prueba de ello es la constancia y empeño con que aún hoy en día se combate la patria-nación española e hispanoamericana.




Contra el idioma Español se ha utilizado y se utiliza todo lo que pudiera envilecerlo, para así tratar de aniquilarlo; con ese propósito, se le borró y se le sigue borrando el nombre (se pasó a denominarlo “castellano”); se le marginó y se le margina en foros internacionales y en órganos estatales españoles; se le falseó y se le falsea en la escuela y en los centros superiores de enseñanza y en los medios de difusión (libros, prensa, radio, televisión, internet, etc.). No obstante, los requerimientos culturales y los datos estadísticos dicen que el Español es de complementaria necesidad para con el Inglés, y ello queda demostrado por la creciente demanda mundial de estudio del hispano idioma, (llamativa la numerosa que hay en EE. UU.).

A propósito del “castellano”: El lenguaje castellano era el de uso habitual en el territorio de Castilla; en su vocabulario, en su fonética, gesticularmente y, más aún, en la escritura, ofrecía muchas similitudes con los lenguajes más extendidos por los diversos ámbitos peninsulares ibéricos, pues de hecho todos ellos provenían del latín o de él habían recibido su influencia magistral; y todos esos lenguajes ibéricos participaron en la elaboración del Español. De modo paulatino, el castellano fue siendo desplazado por el Español; pero aún se mantuvo vigente aquél en muchos ámbitos aldeanos y familiares hasta pasada la mitad del siglo XX, cuando se popularizaron las audiencias radio y cinematográficas y televisivas; de igual manera les ocurría a los otros lenguajes regionales españoles, hasta…

Hasta que la irracional política partidista disgregadora empezó a perseguir al Español y a imponer sobremanera el uso de los lenguajes regionales. Con intención o sin ella, el caso es que en España estamos siendo conducidos retrógradamente hacia la arcaica endogamia regional y local.

En cuanto al futuro del idioma Español; pues parece claro, al tratarse de un idioma vivo debe evolucionar (como evolucionan todos los seres que quieren seguir viviendo); el Español seguirá evolucionando en su ámbito de implantación, que es ya mundial. Y en el ámbito mundial hay dos idiomas en plena evolución expansiva, el Español y el Inglés; y la posibilidad de la coexistencia de ambos está más que acreditada, ambos son complementarios entre sí; El Español es el idioma del sentimiento teológico, filosófico, poético, literario, de la relación interpersonal cordial, etc.; y el Inglés es el idioma de la Ciencia moderna, de la diplomacia actual, del comercio mundial, de la técnica, etc. Puestos a aceptar el riesgo de ser profetas, habríamos de decir que, a largo plazo y sin darse cuenta, quizá lleguen a fundirse ambos idiomas, pero conservándose las esencias naturales de cada cual. Con ello, se habrá creado el necesario y único idioma mundial.

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