Por
José Antonio Chamorro Manzano
Como
punto de arranque notorio para señalar el momento del nacimiento del idioma
Español, debería tomarse el mismo punto o momento que se señala como el del
nacimiento a la vida pública mundial del ente orgánico o ser viviente colectivo
que después sería denominado: España. Dicho punto o momento común para ambos
nacimientos, a efectos formales es reconocido de modo unánime como el señalado
por la mutua fusión estatal del reino de Aragón y el reino de Castilla,
mediante el correspondiente pacto o capitulación firmado por el Rey D. Fernando
y por la Reina Dª. Isabel. Ambos recibirían más adelante el sobrenombre de
Católicos.
Aquella
fusión estatal interreinos, a efectos biológicos necesitaba sustentarse sobre
una patria (alma) y sobre una nación (cuerpo). Patria y nación, incipientes ya
y que tenían sus raíces primarias situadas milenios atrás, cuando las gentes
habitantes en los territorios que después serían los respectivos solares de ambos
reinos empezaran a saber unas de otras, cuando empezaran a observarse y a
recelar entre sí, y cuando luego empezaran a tomarse como mutua referencia de
vida, y cuando empezaran a desear tener pacífica convivencia entre ellas, y
cuando aunque muy dificultosamente empezaran a establecer lazos amistosos,
matrimoniales, etc.
A
juicio de los biólogos, una de las causas más influyentes en el acusado retraso
evolutivo de las gentes ibéricas, lo era su constante conducta endogámica
procreadora, al formar las parejas procreadoras entre habitantes en los mismos
pequeños territorios o terruños; con lo cual, los respectivos aportes genéticos
eran muy similares entre sí y, por ello, poco apropiados para la rapidez y la
cuantía evolutiva de los descendientes habidos. Luego, tras la fusión de ambos
referidos reinos hispanos, ya empezaría a corregirse aquella deficiencia
evolutiva biológica, al incrementarse y hacerse más extensas las relaciones
sociales y más numerosos los emparejamientos genéticos diferenciados; ventajas
que se notarían también en los aspectos culturales de todo orden, entre ellos
el lingüístico.
Del
modo paulatino que enseña la Historia, a aquella primera fusión interreinos
irían incorporándose todos los otros reinos o condados o señoríos ibéricos. La
joven futura gran Patria y gran Nación, España, estaba en marcha y se
desbordaba ella por el ancho mundo; un mundo, en el que todo eran localismos o
regionalismos o incipientes naciones que, sin la fuerza teológico moral que,
por una parte, inspiraba y motivaba a los europeos (pero en especial a los
españoles) y la similar fuerza que, por otra parte, inspiraba y motivaba a los
mahometanos, era un mundo que se mantenía en estados culturales primitivos de
estancamiento civilizador.
Y
España, controlada y moderada por el poder Papal y la jerarquía eclesial, se
lanzó a una empresa civilizadora exterior que se acomodara con la innata
inspiración divina de debida sociabilidad humana. Y España consiguió difundir
entre multitud de lejanos pueblos el alma española (la Patria) que estaba en
constante evolución, cada vez más enriquecida con las aportaciones de los
nuevos pueblos incorporados; y, con ello, el cuerpo tangible español (la
Nación) se iba engrandeciendo y fortaleciendo. Y así nació y se desarrolló el
Imperio español.
La
evolución del lenguaje Español corría paralela con la de España; y,
correspondiendo a las motivaciones espirituales y morales que predominaban en
la colectividad humana española, aquel lenguaje se iba puliendo y enriqueciendo
para poder satisfacer mejor los crecientes anhelos trascendentes, teológicos,
filosóficos, literarios, poéticos, sentimentales o de simple cortesía
interpersonal. Y, así, el Español se iba haciendo más funcional y comprensible
y se difundía con rapidez y naturalidad, tanto por todos los ámbitos culturales
mundiales con los que se mantenían vínculos, incluidos los europeos que se
esforzaban por alcanzar la misma altura lingüística que la de él, como por los
ámbitos populares comunicativos; pero…
Pero
los poderes centroeuropeos tendían hacia aspectos más materialistas de la vida;
tenían más interés en las cuestiones de propio predominio y colonialistas, más
interés que en las cuestiones civilizadoras; tenían más interés en las
cuestiones pragmáticas utilitarias o de provecho científico físico, más que en
las cuestiones humanistas sentimentales, reflexivas e ideológicas
trascendentes. Aquello generó una progresiva disgregación del alma europea,
aquello fue llevando luego por caminos de confrontación a las naciones o los pueblos
europeos; aquello acabaría por resultar en el agotamiento ideológico y
fisiológico de todas las naciones y los pueblos europeos. Eso es lo que enseña
la Historia.
Hacia
el comienzo del siglo XVIII, Europa era una potencia histórica agotada, que
dejaba un vacío de necesario poder rector en el mundo. Pero el mundo estaba
vivo, y alguien se decidió a ocupar el necesario poder vacante; ese alguien fue
un incipiente poder que se estaba gestando en las jóvenes colonias inglesas en
América del Norte. Con su vigor juvenil, tal nuevo poder no sólo consiguió su
propia emancipación de la metrópoli inglesa; sino que consiguió imponer su
dominio y colonizar a esa su antigua metrópoli. Aquello fue el comienzo de un
proceso de carácter expansivo, imperialista, colonizador mundial; dicho nuevo
poder, mediante la Revolución Francesa, consiguió colonizar Francia; y en su
imparable expansión consiguió la fragmentación estatal del Imperio Español; y,
mediante las guerras napoleónicas, consiguió el arrollamiento de toda Europa,
que quedó inerme ante las falsas y corrosivas filosofías ideológicas inanes,
masificadoras, e inerme también quedó ella ante las llamadas revoluciones
burguesas o populares falsas; y luego vendrían la I Guerra Mundial y la
Revolución Rusa 1917-… y la Guerra Civil Española 1931-39 y la II Guerra
Mundial y el mundo de hoy.
El
problema que condicionaba aquel nuevo (ahora ya trisecular) poder, era que
estaba muy influido por su ascendencia británica, que adolecía de falta de una
acertada motivación filosófica, teológica, lo cual le llevaba a ese poder, en
su gestión rectora, hacia el imperialismo colonialista masificador inane, bajo
el cual hoy se encuentra globalizado nuestro perplejo mundo.
Con
todo lo cual, el idioma Inglés utilitario se fue imponiendo por el mundo,
procurando la reducción de los demás idiomas que pudieran hacerle sombra. En
ese sentido, el principal escollo lo encontró en el Español; éste se hallaba
sólidamente asentado en todos los pueblos que habían formado parte del Imperio
español, él era el aglutinante y el vehículo de toda relación social de la
secular alma hispana de los moradores de tales pueblos; y el alma hispana se
afirmaba en la más alta motivación espiritual, en la fidelidad a Dios y a la
Patria, y, además, esa misma alma vivificaba a la más numerosa comunidad
nacional habida en el mundo occidental. Porque, la fragmentación estatal del
Imperio Español, no supuso la aniquilación del alma (patria) hispana ni del
cuerpo (nación) hispano de los antiguos integrantes del aquel hispano imperio;
prueba de ello es la constancia y empeño con que aún hoy en día se combate la
patria-nación española e hispanoamericana.
Contra
el idioma Español se ha utilizado y se utiliza todo lo que pudiera envilecerlo,
para así tratar de aniquilarlo; con ese propósito, se le borró y se le sigue
borrando el nombre (se pasó a denominarlo “castellano”); se le marginó y se le
margina en foros internacionales y en órganos estatales españoles; se le falseó
y se le falsea en la escuela y en los centros superiores de enseñanza y en los
medios de difusión (libros, prensa, radio, televisión, internet, etc.). No
obstante, los requerimientos culturales y los datos estadísticos dicen que el
Español es de complementaria necesidad para con el Inglés, y ello queda demostrado
por la creciente demanda mundial de estudio del hispano idioma, (llamativa la
numerosa que hay en EE. UU.).
A
propósito del “castellano”: El lenguaje castellano era el de uso habitual en el
territorio de Castilla; en su vocabulario, en su fonética, gesticularmente y,
más aún, en la escritura, ofrecía muchas similitudes con los lenguajes más
extendidos por los diversos ámbitos peninsulares ibéricos, pues de hecho todos
ellos provenían del latín o de él habían recibido su influencia magistral; y
todos esos lenguajes ibéricos participaron en la elaboración del Español. De
modo paulatino, el castellano fue siendo desplazado por el Español; pero aún se
mantuvo vigente aquél en muchos ámbitos aldeanos y familiares hasta pasada la
mitad del siglo XX, cuando se popularizaron las audiencias radio y
cinematográficas y televisivas; de igual manera les ocurría a los otros
lenguajes regionales españoles, hasta…
Hasta
que la irracional política partidista disgregadora empezó a perseguir al
Español y a imponer sobremanera el uso de los lenguajes regionales. Con
intención o sin ella, el caso es que en España estamos siendo conducidos
retrógradamente hacia la arcaica endogamia regional y local.
En
cuanto al futuro del idioma Español; pues parece claro, al tratarse de un
idioma vivo debe evolucionar (como evolucionan todos los seres que quieren
seguir viviendo); el Español seguirá evolucionando en su ámbito de
implantación, que es ya mundial. Y en el ámbito mundial hay dos idiomas en
plena evolución expansiva, el Español y el Inglés; y la posibilidad de la
coexistencia de ambos está más que acreditada, ambos son complementarios entre
sí; El Español es el idioma del sentimiento teológico, filosófico, poético,
literario, de la relación interpersonal cordial, etc.; y el Inglés es el idioma
de la Ciencia moderna, de la diplomacia actual, del comercio mundial, de la
técnica, etc. Puestos a aceptar el riesgo de ser profetas, habríamos de decir
que, a largo plazo y sin darse cuenta, quizá lleguen a fundirse ambos idiomas,
pero conservándose las esencias naturales de cada cual. Con ello, se habrá
creado el necesario y único idioma mundial.

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